Por Señor X
Querétaro, 1989.
La ciudad aún conservaba ese aire tranquilo de provincia. En la colonia Jardines de la Hacienda, una casa grande de fachada clara y jardín cuidado ocultaba una historia que estremecería a todo México.
Antes del horror
Claudia Mijangos Arzac había nacido en Mazatlán, Sinaloa. Era una mujer hermosa, educada y de buena familia. En su juventud fue reina de belleza local, estudió comercio y trabajó como maestra de catecismo. Se casó con Alfredo Castaños, un empresario también sinaloense, y juntos tuvieron tres hijos:
Claudia María, Ana Belén y Alfredito.
Años después, la familia se mudó a Querétaro buscando una vida tranquila. Desde fuera, parecían un hogar feliz. Pero dentro, las discusiones eran cada vez más constantes. Claudia empezó a mostrar cambios en su carácter: se aislaba, lloraba con frecuencia y aseguraba escuchar voces. Sus amigos más cercanos la notaban confundida, aunque nadie imaginó lo que vendría.

La noche del 23 de abril de 1989
Esa noche, las voces se hicieron más fuertes. Claudia aseguraba que el cielo había cambiado, que Mazatlán había desaparecido del mapa y que “todo Querétaro era un espíritu”.
Tomó tres cuchillos de la cocina. Decía que fuerzas invisibles la obligaban a “liberar” a sus hijos.
Primero fue Alfredito, el menor, quien corrió al escuchar los gritos. Luego, Ana Belén intentó defender a su hermanito. Finalmente, Claudia María, la mayor, fue atacada mientras dormía.
Cuando todo terminó, los tres pequeños yacían sin vida dentro de su casa.
Vecinos relataron haber escuchado llantos, pero nadie imaginó lo que pasaba. A la mañana siguiente, una amiga que había recibido llamadas extrañas fue quien alertó a las autoridades.

El descubrimiento
Al entrar, la policía halló un silencio imposible. Sangre en el suelo, juguetes tirados y los cuerpos de los tres niños dentro de la recámara principal.
Claudia estaba desorientada, con las manos ensangrentadas, murmurando oraciones. Dijo que “no recordaba nada” y que “todo había sido una revelación divina”.

Juicio y diagnóstico
Fue declarada inimputable penalmente por sufrir esquizofrenia y epilepsia del lóbulo temporal, lo que la hacía incapaz de distinguir la realidad de sus visiones.
Pasó 30 años internada en el penal de Tepepan, en un área psiquiátrica, donde recibió tratamiento constante. Médicos y custodios relataron que lloraba cada vez que hablaba de sus hijos, aunque decía no recordar los hechos con claridad.

Liberación y leyenda
El 24 de abril de 2019, justo 30 años después, Claudia Mijangos fue liberada.
Tenía el cabello canoso, rostro envejecido y mirada perdida. Fue trasladada discretamente a un centro psiquiátrico. Desde entonces, su paradero es desconocido.
La casa donde ocurrió todo permanece en pie, vacía y en ruinas. Los vecinos afirman que por las noches se escuchan lamentos infantiles y que nadie ha podido vivir ahí por mucho tiempo. Es conocida como la casa embrujada de Jardines de la Hacienda.

Epílogo
El caso de Claudia Mijangos no solo marcó la historia criminal de México; también se convirtió en un espejo del abandono mental, del dolor no atendido y del límite donde la realidad se rompe.
Una madre que amó profundamente a sus hijos… y que una noche, entre voces y sombras, los perdió para siempre.



