lunes, mayo 25, 2026
InicioEDUCACIÓN¿A tu adolescente no le importa la familia? Quizá sea cierto y...

¿A tu adolescente no le importa la familia? Quizá sea cierto y también es normal, según psicólogo

En la adolescencia, las y los jóvenes no son los únicos que se enfrentan a cambios, dudas e incertidumbres. También lo hacen las madres, los padres o tutores.

La complejidad de este proceso se retrata en la película Intensamente 2. De la noche a la mañana, las reacciones de Riley eran mucho más explosivas: una simple pregunta la hizo estallar en ira, pero inmediatamente se arrepentía y entre lágrimas decía que “era muy mala”. Así, en un intento de la madre por consolar a su hija y explicarle lo que estaba sintiendo, ella respondió con un fúrico “¡¿Por qué no me puedes dejar en paz?!” y salió molesta de su cuarto.

Por supuesto, la madre se veía con un semblante de preocupación; no así las emociones dentro de su mente, las cuales sabían que, a partir de ese momento, eso sería su pan de cada día: “Sí, es lo que viviremos los siguientes diez años”, dijo Furia con un tono de resignación. Y, de hecho, la entrega de Pixar no está tan alejada de la vida real.

Padres y madres deben estar mentalmente preparadas para aquellos días en los que sus hijas o hijos deseen encerrarse en su cuarto o pasar horas con sus amistades antes de ir a reuniones familiares los fines de semana.

Este proceso es casi inevitable y, por muy amargo que sea, también es necesario para su desarrollo de identidad. Pero esto no significa que el rol de la familia ya no sea importante, sino que pasa a un segundo plano para la vida de la o el joven.

“La familia deja de ser el referente a partir del cual aprenden a decidir, a vincularse el sistema familiar por el sistema de amigos. Entonces por eso se alejan”, señaló Villavicencio.
Ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la familia es la institución cultural más importante de las sociedades, pues constituye el grupo de apoyo primario y del cual se aprehenden varias percepciones de la vida, tales como el concepto de pareja, de amistades, los valores, el control de impulsos, la formación de autoestima, el diálogo, etcétera.

En la etapa de la adolescencia, la familia es clave para la estructuración de la identidad personal y social de la persona, así como del manejo y control de respuestas emocionales; lo cual deriva en el fomento y fortalecimiento de sus habilidades sociales.

¿Pero qué ocurre cuando la o el adolescente llega con “sus iguales”— como lo refiere el también docente de la Universidad La Salle—? Cuando eso pasa, señaló, el “ancla” que los afianzaba al protector y seguro “puerto fraternal” comienza a aflojarse.

“Si el adolescente se queda con esos vínculos familiares, psicodinámicamente hablando, sería como mantenerlo atado a una forma de relación infantil, de la cual él ya se quiere desprender. Entonces esos amarres que tenía en la infancia, los echa hacia afuera; hacia los iguales. Y los amigos pasan a conformar una especie de familia sustituta. (…) Por eso los papás cuando dicen: ‘Parece que tus amigos son más importantes que nosotros’. La respuesta es: lo son”.

Así, las amistades de la adolescencia aportan otra manera de relacionarse, comportarse y hablarse. Con ello, se conforma su autonomía como personas adultas y se construye su “identidad diferencia con respecto a sus padres”.

De hecho, en el manual “Pediatría Integral” señala que, a inicios de este proceso, es común que las y los jóvenes tengan numerosos grupos de amigos. Sin embargo, de estos seleccionan y comienzan a juntarse con núcleos más pequeños— o sea, las y los amigos de confianza—. Estas relaciones se consolidan a base de compartir sus miedos, inquietudes, ilusiones y mesas.

Por supuesto, cuando hay aceptación, la autoestima se potencia. Pero el camino para llegar a ese destino no es fácil e incluso son más propensos a caer en la soledad.

“(Las y los adolescentes) se han separado de los padres y no hay nadie que ‘les de la mano’. Esta sensación percibida no siempre tiene una base real, pero es capaz de ir destruyendo al adolescente y joven hasta hundirse en la desesperanza”, señala el documento de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria.

Todo este “ir y venir” se extiende, según Villavicencio, hasta los 21 o 22 años, cuando las y los jóvenes “comienzan a reconciliarse con sus padres y regresan al nicho familiar, pero bajo una posición psicológica y emocional distinta”.

291,041FansMe gusta
5,147SeguidoresSeguir
2,872SeguidoresSeguir
3,816SeguidoresSeguir
1,710suscriptoresSuscribirte

NOTAS DE SEGURIDAD